Naomi Klein más que inspirarme lo que ha hecho ha sido lanzarme una especie de Bucket Challenge en mi capacidad de raciocinio. Me ha puesto unas gafas todavía más grandes.
La “doctrina del shock” es un término utilizado por primera vez por la periodista canadiense Naomi Klein en su trabajo homónimo publicado en 2007 que básicamente se refiere a todo tipo de narrativas implícitas en imágenes que permiten ejercer la opresión y generar miedo para sentir que necesitas que te protejan.
En esta línea, ya conocía los experimentos y procedimientos psiquiátricos de la primera mitad del siglo XX para generar una dependencia en los enfermos y así poder controlar sus conductas para, en cierto modo, homogeneizarlos y tornarlos vulnerables a una amenaza poco concreta.
No fijándome tanto en lo negativo o en hechos que no se pueden eliminar, lo que destaco de este libro es la idea de que el miedo es aprendido, y que es la mejor forma de control social. Y que incluso en la imagen más naïve puede interpretarse un mensaje de miedo, aunque sólo sea por la posibilidad de la ausencia de aquello que se muestra. Que el miedo paraliza, no sólo física, sino emocionalmente. Que si sólo se muestra una realidad, es más complicado que podamos ver el resto, y que el poder ya no está únicamente en quien ofrece la imagen que ha seleccionado bajo un criterio concreto, sino que está en la aceptación y acción en consecuencia del que la mira.
Tenemos poder, porque podemos mirar en lugar de sólo ver.
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